Miraflores, donde la selva escuchó a sus jóvenes

Llegar a donde casi nadie llega

Hay territorios que Colombia nombra en los mapas, pero rara vez visita en la práctica. Miraflores es uno de ellos: 12.779 kilómetros cuadrados de selva amazónica en el suroriente del Guaviare, más de la cuarta parte de todo el departamento, habitados por apenas 7.085 personas que viven dispersas a una densidad menor a la de un patio vecinal. A ciento cincuenta kilómetros de San José del Guaviare, la capital, Miraflores concentra buena parte de una historia que el país prefiere no mirar: el abandono institucional que se siente en cada trocha, la disputa territorial de las disidencias armadas, el reclutamiento que acecha a la niñez y la adolescencia como una sombra cotidiana. Allí, donde más de catorce resguardos indígenas: cubeo, tucano, desano, wanano, curripaco y carijona conviven con comunidades campesinas y afrodescendientes en un mosaico que el Estado apenas alcanza a nombrar, la Iglesia decidió llegar de otra manera: no con promesas, sino con presencia.
Una comisión, un propósito, un nombre que es también una ruta
Frente al recrudecimiento del conflicto armado y ante alertas tempranas que documentan amenazas a líderes sociales y reclutamiento de menores, la Iglesia Católica impulsó en el Guaviare la Comisión de Diálogo Social, Humanitaria y de Reconciliación. Este espacio articula a la Diócesis de San José del Guaviare, a FICONPAZ y a la Pastoral Social para sostener canales de interlocución humanitaria en un territorio donde casi no existen otros.
Con el nombre de Trayectorias de Paz y Desarrollo, este proyecto de FICONPAZ se propuso desarrollar capacidades locales sostenibles de construcción de paz, y una de sus tres líneas de trabajo, junto al diálogo social y la memoria territorial, se orienta con esperanza a la juventud: prevenir el reclutamiento fortaleciendo, ladrillo a ladrillo, algo tan fundamental y tan urgente como un proyecto de vida. El 26 de agosto de 2026, esa apuesta tomó la forma concreta de 140 rostros reunidos en la Institución Educativa María Auxiliadora.
140 rostros y muchas historias por contar
En Miraflores, abordar las situaciones que pueden afectar el bienestar y los proyectos de vida de niñas, niños, adolescentes y jóvenes requiere un lenguaje y una metodología acordes con las particularidades del territorio. Por eso, el equipo de FICONPAZ, junto con el enlace territorial de juventudes de la Alcaldía, Esteban García Calderón, y el director de la Pastoral Social, el padre Freidy Eduardo Vanegas, diseñaron una metodología de cinco momentos centrada en la prevención de riesgos, orientada a fortalecer en las y los jóvenes capacidades para identificar situaciones de riesgo, tomar decisiones informadas, activar recursos de protección y fortalecer su proyecto de vida, reconociendo sus sueños, capacidades y oportunidades para construir alternativas de futuro y entornos más protectores para las juventudes.
La jornada “Jóvenes que sueñan, territorios que protegen: construyendo caminos para la paz” arrancó en horas de la mañana, reuniendo a las y los jóvenes de Miraflores en un espacio de encuentro, participación y reflexión sobre los riesgos de su territorio, sus sueños y las posibilidades de construir caminos protectores para sus vidas, desde el teatro-foro y el semáforo de alertas, las y los jóvenes fueron protagonistas de una reflexión construida desde sus propias voces y experiencias. Con el semáforo, identificaron y nombraron con sus propias palabras situaciones que reconocen como seguras, aquellas que requieren precaución y otras que representan un mayor nivel de riesgo en su entorno. A través de la representación de casos sobre diferentes formas de captación, las y los participantes tuvieron la oportunidad de ponerse en el lugar de quienes enfrentan estas situaciones, preguntarse qué decisiones tomarían y, especialmente, reconocer a quién acudir y cuáles son las redes y rutas de apoyo disponibles frente a una amenaza o situación de vulneración.

Jeferson Esteban García Calderón, enlace de juventudes de la Administración Municipal de Miraflores, lo describe como el cierre de una brecha que la Alcaldía arrastraba desde hacía tiempo: la de conocer de fondo las dificultades que atraviesan sus jóvenes. Reconoce que el reclutamiento "es un tema que es difícil hablar aquí en el municipio", y por eso valora que la metodología lúdico-recreativa de FICONPAZ haya abierto un espacio de diálogo capaz de identificar esos factores de riesgo sin cerrar las puertas del territorio. Lo que allí se recogió, dice, "nos deja insumos para proyectarnos para sacar la Política Pública de Juventud" de un municipio que, en sus palabras, "día a día lucha por ofrecerle espacios a los jóvenes para que salgan adelante".
Fue también en ese primer momento cuando el ejercicio tocó una fibra que el equipo facilitador no pudo dejar de recoger al final de la jornada. Algunos jóvenes de comunidades indígenas hablaron de proyectarse trabajando en lo único que ven a su alrededor: sembrando coca. Otros fueron más directos todavía, y dijeron que si les ofrecen dinero fácil, hacen lo que sea por conseguirlo. No son frases que se puedan corregir con un discurso; son el eco de un territorio donde la economía ilícita ha ocupado el lugar que debería tener la oportunidad.
Lo que vieron los que acompañan de cerca
Lina Murillo, trabajadora social de la Unidad de Cuidado Mutuo ICBF-OIM en Miraflores, estuvo allí no solo como profesional, sino, según sus propias palabras, "como joven también que soy", y desde ese doble lugar advirtió lo que a veces se le escapa a la mirada institucional: que ir más allá del eje central del reclutamiento y de los riesgos permitió mostrarles a los jóvenes "otras posibilidades, otras oportunidades y otras formas de pensar en su futuro". Para ella, lo que hizo diferente a este espacio fue la cercanía entre funcionarios y voluntarios compartiendo sus propias trayectorias y una certeza que resume el sentido último de la jornada: que estos jóvenes "no solamente son jóvenes que están expuestos a un riesgo, sino que también tienen capacidades, tienen sueños y tienen otras oportunidades para poder construir su propio proyecto de vida". Prevenir, dice Lina, "es eso: estar cerca, escuchar y ayudarles a ver que sí hay otras posibilidades para su vida". Días después de la jornada, seguía notando en el municipio las ganas de los jóvenes de que estos espacios se repitieran, y con ellos, las dinámicas, los rompehielos, las ganas de superarse que dejaron sembradas.

La tarde en que Miraflores escuchó a uno de los suyos
A las tres de la tarde, ya en el parque del municipio, la jornada cambió de tono: “De Guaviare pa’l Mundo”, un espacio dedicado a los proyectos de vida. Después de hablar sobre los riesgos que pueden aparecer en el camino, la invitación fue a mirar hacia adelante y preguntarse qué quieren construir para sus vidas.
Kevin Adrián Galindo Rayo, joven retornado y representante de la Plataforma de Juventud del Guaviare, llegó a compartir algo que en Miraflores es casi inaudito: la historia de un joven de la región que entró a la Universidad Nacional, sostuvo su compromiso académico y terminó presentando en Brasil su proyecto de investigación (centrado precisamente en la realidad de San José del Guaviare). Las preguntas no se detuvieron: cómo se entra a la universidad, cómo se descubre una vocación, qué sacrificios hay que hacer. Para muchos de los 140, escuchar a alguien que "vivió acá y sabe cómo son las condiciones para uno" pesó más que cualquier charla externa, porque no llegaba desde afuera a explicarles su propia vida, sino desde adentro a mostrarles que otra trayectoria era posible.
El propio Kevin, hoy estudiante universitario, describe ese encuentro como la materialización de lo que el territorio más necesita: "el acercamiento a estos jóvenes para que los conflictos que tenemos actualmente en el territorio empiecen a ser una segunda opción de escucha". Sabe, porque lo ha vivido, que los riesgos que acompañan a estos jóvenes "han sido retos muy grandes", y por eso agradece a quienes, como él ese día, se acercan a acompañar "a estos chicos que necesitan de esa protección, que necesitan de esas vocerías en el territorio".
Para recoger los aprendizajes de la jornada, se realizó una Carrera de Observación, en la que el juego, el trabajo en equipo y los diferentes retos permitieron retomar los principales temas abordados durante el día: riesgos, señales de alerta, redes de apoyo, toma de decisiones, rutas de protección y proyecto de vida. Así, los aprendizajes dejaron de estar únicamente en la conversación y se convirtieron en desafíos que las y los jóvenes tuvieron que resolver de manera colectiva. Con una honestidad que no necesita adornos, un estudiante de grado once resumió lo que ese día significó: contó que había llegado pensando que sería una actividad de "escribir solamente escribir y sin nada simbólico", pero que descubrió otra cosa, porque, dijo, "somos más de la experiencia de lo simbólico", y agregó que frente al tema de la prevención del reclutamiento pudo, por fin, "ser escuchado y poderse expresar abiertamente"

La fogata que cerró el día sin apagar nada
La jornada terminó como pocas veces se permite terminar un ejercicio institucional en Miraflores: alrededor de una fogata que el mismo Kevin condujo, explicando el significado del fuego y animando cantos bajo la noche de Miraflores, mientras proyectaba su experiencia en Brasil como una prueba viva de que el territorio también puede producir futuro. Eran las siete y media de la noche cuando los padres empezaron a llegar por sus hijos, muchos de ellos agradecidos, y la gente que se había ido acercando durante el día repetía una misma pregunta: ¿De dónde vienen ustedes y qué es lo que están haciendo? Detrás de esa pregunta, en realidad, había una constatación: que actividades como esta casi nunca llegan hasta allí. El cierre fue alrededor de la fogata, un espacio de reflexión en el que el fuego se convirtió en símbolo de los sueños que cada joven quiere mantener encendidos. Así como una fogata necesita cuidado para no apagarse, los proyectos de vida también requieren protección, decisiones conscientes y redes que acompañen el camino.

Lo que queda por construir
Lograr esta jornada con 140 niñas, niños y adolescentes, cuando inicialmente se pensaba llegar a 200 rurales, en un territorio donde el Estado apenas hace presencia, es en sí mismo un logro que FICONPAZ y la Comisión de Diálogo Social, Humanitaria y de Reconciliación tienen motivos de sobra para reconocer como propio. Jeferson, Lina y Kevin, cada uno desde su lugar: la administración municipal, el cuidado psicosocial, la propia experiencia de haber sido uno de estos jóvenes, coinciden en algo que ninguna cifra logra capturar del todo: que este tipo de espacios generan confianza donde antes solo había silencio, y que esa confianza, una vez sembrada, empieza a pedir continuidad.
El equipo que hizo posible este encuentro sabe que una sola jornada no basta para desmontar el ideal del dinero fácil ni para reemplazar las historias de violencia con las que muchos de estos jóvenes han crecido. Por eso, el camino abierto espera que se llegue a consolidar en un futuro cercano: formar y acompañar a un grupo juvenil con enfoque social y de construcción de paz en Miraflores. En este proceso, se reconoce el proyecto de vida como una herramienta para que las y los jóvenes se permitan soñar, identificar sus capacidades y oportunidades, reconocer los caminos y acciones que pueden emprender para alcanzar aquello que desean construir para sus vidas, capaz de sostener en el tiempo lo que un día de fogata y de preguntas honestas apenas alcanzó a encender, y de convertirse, como espera la propia Alcaldía, en insumo vivo para la Política Pública de Juventud que este municipio tan alejado todavía necesita construir. Porque, como quedó claro esa noche en Miraflores, son estos mismos niños, niñas, adolescentes y jóvenes quienes tienen la tarea y, también, la capacidad de construir la paz y la convivencia que su territorio aún espera.

FICONPAZ acompaña a la Comisión de Diálogo Social, Humanitaria y de Reconciliación del Guaviare - Con el apoyo de la Embajada de Noruega en Colombia y PNUD
Septiembre 2026
_edited.png)


Comentarios