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Rehacer la vida en Dabeiba: diez años después, las razones para seguir

Foto del escritor: FICONPAZ Fundación
FICONPAZ Fundación
hace 8 horas
8 min de lectura

En un país donde el conflicto armado se reconfigura, sostener la esperanza se ha vuelto un acto de resistencia cotidiana. Fortalecer esa resistencia es la apuesta del Programa Paz Fase II, con el que FICONPAZ acompaña a la Iglesia Católica y a las organizaciones de la sociedad civil en cinco territorios priorizados. En el segundo año de ejecución del Programa Paz (2025 – 2026), FICONPAZ formó a 312 agentes eclesiales y a 498 líderes sociales y defensores de derechos humanos; acompañó a 15 organizaciones; impulsó 15 iniciativas de transformación social con la participación de más de 1.600 personas, el 70 % mujeres; y logró que 14 propuestas de la sociedad civil entraran en agendas de paz y políticas públicas y, de esta manera, incidir, participar y tejer cohesión social en cinco territorios golpeados por el conflicto: Norte de Santander, Antioquia, Tolima, Valle del Cauca y Bogotá.

 

En el occidente antioqueño, ese trabajo tiene nombre propio: Dabeiba. Este municipio, situado a unos 175 kilómetros de Medellín (un viaje de aproximadamente cuatro horas y media en autobús por la Vía al Mar), es conocido como “la puerta del Urabá”. Su ubicación lo coloca en el umbral del Caribe colombiano: desde aquí se desciende hacia el Golfo de Urabá y las costas del Atlántico. Durante décadas del conflicto armado, esa posición geográficamente privilegiada lo convirtió en un corredor estratégico de primer orden. El Cañón de la Llorona, que atraviesa su territorio, permitía a los actores armados controlar el tránsito entre el interior de Antioquia, Córdoba, Chocó y la región bananera de Urabá: por allí circulaban armas, se movían tropas y salían cargamentos de coca hacia las dos costas y la frontera con Panamá. Por esa misma razón, el municipio fue disputado con particular ferocidad y cargó durante años con un silencio pesado.


Allí, con el acompañamiento de FICONPAZ, en el marco de ejecución del Programa Paz Fase II, el Consejo Municipal de Paz, Reconciliación y Convivencia ha fortalecido su voz y capacidad de incidencia. Entre otros logros, ayudó a formalizar la Red Subregional de Derechos Humanos, que articula 19 municipios con un plan de acción autónomo y reconocimiento de la Defensoría del Pueblo. Asimismo, 70 niños, niñas y adolescentes presentaron ante la Alcaldía y el ICBF un diagnóstico sobre su propia participación. Y los Consejeritos de Paz de la vereda Tascón ganaron posicionamiento y reconocimiento como un actor que moviliza iniciativas de paz. En un municipio marcado por décadas de silencio, la paz se levanta desde abajo, cimiento a cimiento.

 

A diez años de la firma del Acuerdo Final, con el apoyo del Programa Paz Fase II, el Consejo Municipal de Paz, Reconciliación y Convivencia de Dabeiba convocó a la cuarta versión del Festival Rehacer la Vida, nacido en 2023 para reconocer las expresiones comunitarias, artísticas y culturales que aportan a la paz. El lema de 2026, «Las razones para la Paz», pedía más que recordar una firma: preguntarse qué razones quedan, una década después, para seguir. Desde mayo se trabajó esa respuesta con 29 instituciones, organizaciones sociales y escenarios de participación ciudadana, y se creó un Comité del Festival que repartió responsabilidades en labores de pedagogía, comunicaciones, logística y coordinación. James Bartolo, enlace territorial de FICONPAZ del Programa Paz Fase II en Antioquia, resume la apuesta: “la consolidación de una infraestructura de paz alrededor del Consejo Municipal de Paz y Reconciliación”. La fortaleza de infraestructura que las entidades “se pusieran de acuerdo y aportaran tanto económicamente como en especie”.

 

El viernes 11 de septiembre de 2026, el Festival salió del casco urbano y se instaló en aquellos espacios donde la gente construye a diario su convivencia: en la vereda Tascón, donde los Consejeritos de Paz en Acción dinamizaron las actividades; y en la vereda Llanogrande, donde viven firmantes de paz. Se reunieron unas 250 personas en la primera vereda y cerca de 200 en la segunda, de niños a personas mayores, convocadas por las Juntas de Acción Comunal y por las instituciones educativas. Entre puntos informativos, juegos, pintura y escultura, se respondieron preguntas sobre cuatro ejes: reconciliación, memoria, no estigmatización y justicia restaurativa para la no repetición. Acompañaron la Justicia Especial para la Paz - JEP, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, el Instituto Kroc, la Fundación Rodeemos el Diálogo, el Movimiento Cultural Ancestral de Dabeiba y la Institución Educativa Madre Laura, que movilizó estudiantes del Cañón de la Llorona. La Alcaldía de Dabeiba se hizo presente también con una feria de servicios.


Actividad de inicio en la vereda Tascón, desde la estación “Palabreando la Paz”, un espacio para reflexionar sobre los Acuerdos de Paz y los retos de su construcción en el territorio.
Actividad de inicio en la vereda Tascón, desde la estación “Palabreando la Paz”, un espacio para reflexionar sobre los Acuerdos de Paz y los retos de su construcción en el territorio.

A la vereda Llanogrande llegaron, además, colectivos de otros municipios del occidente del departamento de Antioquia. Felipe López, Consejero de Paz, Reconciliación y Convivencia de Dabeiba y miembro del equipo coordinador del Festival, cuenta que para muchos era la primera vez que se encontraban con un firmante de paz y que venían en alerta, y recuerda que “luego del encuentro, por el contrario, se logró de alguna manera desmontar también esa idea del enemigo y entender que hay humanidad en todos y en todas”.

Actividades del festival en Llanogrande: Arriba, un firmante de paz guía una estación pedagógica; abajo, la representante de víctimas da vida a una estación del Consejo de Paz.
Actividades del festival en Llanogrande: Arriba, un firmante de paz guía una estación pedagógica; abajo, la representante de víctimas da vida a una estación del Consejo de Paz.

El sábado 12 de septiembre la programación pasó al casco urbano. En la mañana hubo tres espacios focalizados: un taller con mujeres de la Secretaría de las Mujeres de la Gobernación de Antioquia, un taller de justicia restaurativa de la JEP y un diálogo de saberes para prevenir la estigmatización, dirigido a líderes y a personas de entidades que atienden público. En la tarde, el Parque Principal reunió a cerca de 250 personas alrededor de una pregunta: ¿por qué necesitamos paz? En este diálogo participaron monseñor Héctor Fabio Henao, director de FICONPAZ; Ingvill Breivik, representante de Cáritas Noruega; un firmante de paz; Gloria López, coordinadora de la Mesa de Participación Efectiva de Víctimas; y el alcalde Daniel Higuita Herrera.

 

Un momento del Festival condensó, quizás mejor que ningún otro, lo que significa rehacer la vida después de la guerra: sobre la misma tarima, en la misma conversación, se sentaron un firmante de paz y una coordinadora de víctimas. No se trató de un simple protocolo de participación, sino de un gesto que por sí solo ya era un relato de reconciliación: dos trayectorias que la violencia había colocado en orillas opuestas, la de quien empuñó un arma y la de quien cargó con el dolor de esa guerra, se encontraban ahora en un mismo espacio, dispuestas a hablar, a escucharse, a construir juntas algo que ninguna de las dos podría construir sola. En un país donde el conflicto suele dejar heridas que separan para siempre a víctimas y victimarios, ese diálogo compartido fue una señal tangible de que Dabeiba, y el proceso de paz que allí se sostiene, están aprendiendo a tejer un futuro común a partir de las fracturas del pasado.


Conversatorio en el que monseñor Héctor Fabio Henao, director de FICONPAZ; Ingvill Breivik, representante de Cáritas Noruega; un firmante de paz; Gloria López, coordinadora de la Mesa de Participación Efectiva de Víctimas; y el alcalde Daniel Higuita Herrera conversan sobre las razones para la paz. 
Conversatorio en el que monseñor Héctor Fabio Henao, director de FICONPAZ; Ingvill Breivik, representante de Cáritas Noruega; un firmante de paz; Gloria López, coordinadora de la Mesa de Participación Efectiva de Víctimas; y el alcalde Daniel Higuita Herrera conversan sobre las razones para la paz. 

Entre las actividades del festival hubo una estación de moldeo en arcilla, pensada como un ejercicio simbólico: cada participante debía darle forma material a su propia idea de paz, como una manera de traducir en imagen algo que casi siempre se queda en el plano de las palabras. Aldrialliny Santa Ramírez, secretaria técnica del Consejo y enlace de paz y proyectos PDET, recuerda dos momentos vividos en esa jornada del sábado. En esa estación no logró darle forma a la imagen que traía en la cabeza, y quien guiaba el ejercicio le respondió que quizá para ella la paz era algo difícil de expresar: “Me hizo mucho sentido, porque creo que la paz es algo distinto para cada uno de nosotros”. El segundo fue el conversatorio, con tantas visiones sentadas en un lugar que vivió el conflicto de cerca y que ahora escuchaba las palabras esperanza y resistencia: “A la guerra, al conflicto, se le ha tenido mucha paciencia, y a la paz no.”



Después, el escenario se convirtió en un encuentro de expresiones artísticas de Dabeiba y otros municipios. La música, la danza y el teatro llenaron de vida este espacio de celebración y encuentro, mientras las emisoras del territorio acompañaban y transmitían la jornada. 


La evaluación posterior señaló que una de las experiencias más significativas fue la presencia de niños y adolescentes en los puntos culturales y el juego como forma de aprender y conversar sobre paz. En esa jornada, el Festival reunió a unas 700 personas.


Un Festival que fortaleció la esperanza

Aldrialliny resaltó la oportunidad que abrió este espacio de encuentro al propiciar un radar de actores aliados que antes no existía, y de un festival en el que “ya el doliente no fuera solamente el Consejo de Paz”. Nueve colectivos del occidente de Antioquia se sumaron por voluntad propia. También queda la certeza que ella formula con sencillez: “Sí es posible materializar un sueño que tenemos”. La evaluación con el Comité nombra lo pendiente: mejorar la comunicación interna, fortalecer la convocatoria, repartir mejor las cargas y buscar recursos propios. Como horizonte, propone sumar a la academia y poner en la agenda la salud mental de un territorio con heridas que aún no han sanado. La continuidad de esta iniciativa ya tiene forma en la Agenda Municipal de Paz de la Alcaldía, con Rodeemos el Diálogo, que llevará pedagogía sobre el Acuerdo de Paz a programas radiales en los próximos meses.


El cierre del Festival estuvo marcado por diversas expresiones artísticas como la danza, el teatro y la música. Artistas de la región y de otros municipios del occidente antioqueño se unieron a esta celebración, haciendo del arte un espacio para encontrarse, compartir y celebrar la paz.
El cierre del Festival estuvo marcado por diversas expresiones artísticas como la danza, el teatro y la música. Artistas de la región y de otros municipios del occidente antioqueño se unieron a esta celebración, haciendo del arte un espacio para encontrarse, compartir y celebrar la paz.

Aldrialliny resume lo vivido: “El Festival es esa semilla sembrada en un territorio cuya tierra está adolorida, pero que aun así sigue germinando y brotando retoños de esperanza, de resistencia, de amor, de confianza entre nosotros mismos”.

 

Dos días bastaron para ver reunido en un solo lugar lo que el Programa Paz Fase II procura en cada territorio: fortalecer el tejido social y las capacidades para construir una cultura del encuentro y la paz. En Tascón y Llanogrande, niños, mujeres, personas mayores y firmantes de paz conversaron sobre reconciliación, memoria y justicia restaurativa. En el casco urbano de Dabeiba, el arte y el conversatorio mostraron que hablar de paz en espacio abierto ya es posible. Y detrás de estas acciones había una red de 29 aliados que hoy se reconocen entre sí, y que esperan seguir tejiendo puentes para construir paz en este territorio.

 

Nada de esto se sostendría sin quienes creyeron primero. Cáritas Noruega, cuya representante fue testigo, en el parque principal de Dabeiba, de los testimonios que dieron cuerpo a esas razones para la paz, hace posible con su apoyo que FICONPAZ desarrolle el Programa Paz Fase II en este territorio y en otras regiones de Colombia. Esa confianza llega a una vereda donde unos consejeritos se reconocen como actores de transformación, a una tarima donde un firmante de paz y una coordinadora de víctimas se sentaron en la misma conversación, y a un diagnóstico que 70 niños, niñas y adolescentes presentaron ante su Alcaldía. Gracias a quienes apoyan esta obra desde la distancia, la tierra adolorida de la que habla Aldrialliny sigue recibiendo semillas. 


El sembrador de la Parábola salió a sembrar sin saber qué parte del campo daría fruto. En Dabeiba la cosecha empieza a verse porque nadie sembró solo: hubo quien confió, quien acompañó y quien sostuvo, y cada uno puso su piedra en una casa que hoy no tiene un único dueño, sino a toda una comunidad. Allí está la prueba de que la paz es posible cuando se levanta entre todos, a la medida de quienes la habitan y con la paciencia que tanto se le ha negado.

El Programa Paz - Fase II es acompañado por FICONPAZ, 

con el apoyo de Cáritas Noruega.


Descubra cómo la paz se construye día a día. 

Explore las reseñas de las actividades que FICONPAZ y las organizaciones de la sociedad civil están impulsando en el marco del Programa Paz Fase II. 

En linkedin:  #programapazfase2ficonpaz 


Crónica: Carlos Henao Gaviria


FICONPAZ

Octubre 2026



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